El mundo es una broma

11 marzo, 2026 por Susana Torres Cabeza

El mundo es una broma

Judea, año 33 D.C. Brian es confundido con Jesús. Pese a sus intentos de librarse, Brian es apresado. Los romanos deciden crucificarlo.

Una vez crucificado, Brian protesta, suplica que lo bajen… Pero el resto de los condenados le instan a animarse y mirar el lado positivo de la vida. Silban, cantan y bailan.

La ironía del humor negro de los Monty Python ataca de nuevo.

¿Qué es la risa? ¿Por qué nos reímos?

Para empezar, la risa es una reacción biológica, una respuesta a estímulos que se origina en el sistema límbico (donde se regulan las emociones), y que estimula el sistema nervioso parasimpático y la liberación de algunos neurotransmisores como las endorfinas. Esa explosión hormonal provoca una sensación de bienestar y una disminución del estrés. Por ello, después de reírnos mucho nos sentimos felices y relajados.

Pero además de ser una respuesta biológica, la risa también es una forma de interacción social, una forma de comunicarnos con los demás, de expresar una emoción grupal, de acercarnos al otro. Dicen que lloramos solos, pero que nos reímos en compañía, y aunque es un dicho popular, encierra algo de razón. Pero esta risa social, requiere de la capacidad de ponerse en lugar del otro, de tener empatía, de compartir códigos comunes y de leer los gestos del compañero.

Pensemos en una situación tensa cualquiera. Un amigo se ha retrasado más de lo socialmente aceptado y el otro se ha ido enfadando durante la espera. Ha ensayado en su cabeza lo que le va a decir. Advertencias, insultos… Llega incluso a pensar en cortar la relación. Entonces el amigo llega. Pide disculpas y hace una broma, un chascarrillo sobre una situación anterior que ambos comparten. Los dos ríen y la situación de enfado se deshace como un castillo de arena. No era para tanto, o al menos eso piensa el ofendido ahora.

Y es que el humor transforma cualquier situación, la hace más ligera, menos profunda. La cambia de nivel.

Hoy me quiero reír con vosotros. Quiero compartir sátiras, ironías, parodias y burlas, pero no pasa nada porque no son de la tierra. Vamos a entrar en un mundo nuevo, un Mundodisco sostenido por cuatro elefantes que navegan el espacio a lomos de una tortuga.

Supongo que ya lo habéis adivinado, voy a hablar del rey del humor en el género fantástico. Pónganse de pie por favor. Hablamos de Terry Pratchett.

Terry Pratchett (1948-2015) fue, lamentablemente murió hace unos años, uno de mis escritores favoritos. Escritor británico, eso ya dice mucho de su modo de concebir el humor, y autor de muchas novelas de fantasía. Destacaré que fue el creador de las maravillosas historias del Mundodisco donde combina a la perfección la crítica social con el humor.

En el Mundodisco encontramos ciudades como Ankh-Morpork, ciudad estado cosmopolita dirigida por un patricio y dividida en gremios. El gremio de los asesinos jamás mataría a alguien de forma gratuita y el gremio de ladrones controla el número de robos permitidos.

Como podéis observar es el entorno ideal para reírse de todo y de todos. Y Pratchett lo hace con elegancia e ironía británica.

Me ha costado mucho elegir un libro de entre toda su bibliografía, así que finalmente he elegido dos: Mort y Dioses menores.

Mort

Aquí Pratchett decide escribir sobre la muerte. Es un tema profundo. Si no conocemos a Pratchett podemos pensar que será un libro desagradable, espiritual, oscuro o demasiado morboso. Pero resulta que estamos en el mundodisco. En esta novela la muerte es mejor persona que la mayoría de nosotros, y solo hace su trabajo. Aquí la parca es eficiente, pero perfeccionista y se siente tan desbordada por el trabajo que decide reclutar a un aprendiz. O acaso toma esa decisión para darle un compañero para su hija, que está un poco mimada. De cualquier manera, elige a un muchacho que a pesar de ser majo, es un poco desgarbado. Un tipo pelirrojo al que, para desgracia de su padre, le gusta leer y soñar y que hace demasiadas preguntas.

Pero se llama Mort y busca trabajo. Así que la muerte decide bajar a buscarlo.

El ambiente se oscurece en la plaza, las pisadas se oyen metálicas sobre el empedrado y los aldeanos se esconden. Se acerca una figura imponente, todos tiemblan.

De repente, la muerte se resbala y se cae.

Mort se acerca sin pensarlo y le ayuda a levantarse. Preocupado, le pregunta:

— ¿Se ha hecho daño, señora?

La muerte contesta:

—No, te aseguro que no.

La situación nos despierta simpatía. Esa muerte ya no nos da miedo, ha perdido seriedad, es como nosotros. O casi. Nos cae bien.

Ese es el poder de la risa, relativizar, acercar, compartir. Y ese poder es muy grande. Los poderosos siempre han temido las burlas de los bufones, porque el que ríe, no solo quita hierro, quita también autoridad. Pone en cuestión una de las cosas que más valoramos los humanos, nuestro estatus social, nuestra reputación, vaya.

Por qué los dictadores encarcelan a los cómicos, por qué los terroristas fundamentalistas matan dibujantes. Porque la risa es lo opuesto al miedo.

Ankh-Morpork se despierta. Los gremios empiezan sus actividades. El gremio de asesinos, por ejemplo, es una institución con prestigio que paga impuestos y presume de honradez. El gremio de ladrones revisa que las cuotas de trabajo sean las adecuadas, el sindicato no aceptaría demasiadas horas extras. La universidad invisible, en cambio, sigue durmiendo, porque ya sabemos que los magos se dedican sobre todo a evitar el trabajo duro.

Imaginemos una saga que haga una crítica de todo el sistema capitalista, de todas las jerarquías y estructuras patriarcales y de poder que sustentan el poder económico mundial. Seguramente no tendrá demasiada repercusión. El sistema se protege a sí mismo, así que tendrá detractores y partidarios, lo tildarán de loco y su obra pasará de moda… A no ser, que nos haga reír. El humor hace que el mensaje llegue más fácilmente. Si la crítica se hace mediante una parodia, los muros defensivos de la mayoría de las personas caen y el mensaje ataca nuestra amígdala. Después de reírnos de ese ministro o de ese religioso ya no nos impondrá tanto.

Dioses menores

¿Qué pasaría si el dios de una gran religión, digamos que se llama OM, se aburre y decide bajar a la tierra reencarnado en una criatura? Aparentemente, ya que su religión tiene millones de fieles, se reencarnará en un animal grande y feroz. Pero resulta que, en realidad, nadie, a excepción de una persona, el profeta Brutha, cree en él realmente, por lo que su poder es nimio. Finalmente se reencarna en una pequeña tortuga. Decepcionado pide ayuda a su único creyente. Habla de mí a los religiosos, le dice. El creyente se acerca al inquisidor jefe de la iglesia, para revelar la llegada del Dios, pero este, personaje cínico y cruel, le contesta que no sea absurdo, que Dios no existe.

El dios, desesperado, aparecerá ante el inquisidor, pero este será incapaz de reconocer a su propio dios.

La situación es cómica y parece frívola, pero esconde una importante crítica a las religiones que solo es posible mediante el humor.

 Hacer reír, sin embargo, no es fácil. Como bien saben los cómicos, no basta con contar un chiste o hacer una mueca, el humor nos tiene que interpelar. La línea entre la risa y el bochorno es fina. Para que nos llegue, nos tenemos que sentir aludidos de algún modo, compartir un imaginario común. Por eso el humor cambia con las culturas y sociedades. Quien esté intentando aprender un idioma, sabrá que una de las cosas más difíciles es entender las bromas y dobles sentidos.

Y no solo cambia en las culturas. Dentro de la misma sociedad, cada grupo y subgrupo tiene sus códigos. Basta mirar las bromas compartidas de una pareja bien avenida para darse cuenta de que comparten un lenguaje propio que solo ellos entienden. Basta con mirar al interior de un grupo de adolescentes que se ríen del último meme viralizado en redes, para preguntarse de qué planeta vienen.

Decíamos pues, que el humor es relativo, que cambia con las culturas, épocas y grupos, que es difícil de conseguir, pero que es biológicamente casi universal, que nos proporciona felicidad y que nos une dentro del grupo.  Y, aun así, muchas veces, se menosprecia. En literatura, como en otras artes, las novelas que utilizan el humor como herramienta habitual, se etiquetan de menores, de novelas ligeras, menos profundas. Nada más lejos de la realidad. La profundidad, a veces necesita distancia y mano izquierda para arraigar. Lo saben bien los creadores de parábolas o de fábulas. Por eso es tan importante la obra de Pratchett. Porque utiliza la fantasía para crear distancia y el humor para derribar nuestros muros defensivos.

He elegido las dos novelas que he compartido hoy porque reúnen, en mi opinión, lo mejor de Pratchett. La ironía sobre nuestra sociedad capitalista y la hipocresía de las grandes religiones que nos gobiernan.  Y lo hacen arrancándonos una carcajada.

No, no veréis a Pratchett en las grandes estanterías de clásicos de la literatura, un gran error en mi opinión, pero, amigos, no conozco a nadie que haya leído a Pratchett y se haya aburrido. No conozco a nadie que lo haya leído y no se le haya escapado una sonrisa mientras reflexiona sobre los grandes debates, economía, religión, espiritualidad, pobreza, feminismo…

Quizá es mejor así. Quizá es mejor que Pratchett sea minoritario, que los dictadores no lo lean, no vaya a ser que se les ocurra prohibirlo. Ya que como decía Umberto Eco en el Nombre de la rosa: La risa mata el miedo, y sin miedo no puede haber fe.

 Así, mientras nos dejen, disfrutemos de él. Compartamos su mundo y riamos juntos de los tiranos…  Y, sobre todo, que no se nos olvide mirar siempre el lado brillante de la vida.

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