Operación Cashback – Relato

27 noviembre, 2025 por Pedro Miguel

Panamá, 2036

Soy Javier, un escritor y exconsultor de marketing que ahora vive en la clandestinidad. Hace once años, el apagón del 28 de abril de 2025 en España me marcó para siempre. Mientras Madrid se sumía en el caos, sin cajeros ni pagos digitales, los que tenían billetes sobrevivieron. Desde mi apartamento en Ciudad de Panamá, entendí que el efectivo era libertad. En 2036, las criptomonedas y las CBDC nos han encadenado. El euro digital, el e-CNY chino, el dólar digital que Panamá adoptó y las blockchains vigiladas controlan cada transacción. Somos Los Cashbacks, un grupo rebelde que quiere derribar este sistema y devolver el papel moneda al mundo. Esta es mi confesión desde el corazón de la lucha.

El plan

Nuestra base principal está en un almacén abandonado en Colón, Panamá, donde el salitre y el rumor del Canal evocan un mundo donde el efectivo fluía sin escáneres. Operamos en células globales: Berlín, Shenzhen, Nueva York y Panamá. Somos quince en el núcleo: Ana, una hacker española que huyó tras el colapso de Pedro Sánchez; Li, un desertor chino que conoce el e-CNY; Marcus, un criptoanalista estadounidense arruinado por el hackeo cuántico de Bitcoin en 2033; y yo, el estratega que usa su pluma y marketing para avivar la revolución.

Estamos hartos del control. En China, el gobierno silencia disidentes congelando sus cuentas. En Europa, el Banco Central Europeo rastrea cada café que compras. En EE. UU., la Reserva Federal sanciona a los rebeldes. En Panamá, el dólar digital asfixia a los mercados de Casco Viejo. Las criptomonedas, que prometían descentralización, son ahora un espejismo, vulneradas por computadoras cuánticas.

Operación Cashback es nuestro plan para colapsar las CBDC y criptomonedas, forzando el regreso del efectivo. No podemos destruir los servidores centrales en Pekín, Frankfurt o Washington, pero podemos sembrar caos. Ana diseñó un ataque en tres frentes:

Sabotaje digital

Infiltrar los nodos de las CBDC con un virus que falsifique transacciones, erosionando la confianza en el euro digital, e-CNY y dólar digital.

Propaganda global

Lanzar una campaña en X2, la red descentralizada que sucedió a X, para convencer al mundo de que el efectivo es libertad.

Resurrección del efectivo

Distribuir billetes falsificados, impresos en talleres clandestinos, para reactivar el comercio en papel.

La ejecución

En febrero de 2036 lanzamos el ataque. Desde Colón, Ana y yo coordinamos el sabotaje digital, enviando un virus cuántico resistente a los nodos del euro digital en Frankfurt. En 48 horas, millones de europeos vieron saldos erróneos: Un barista en Lisboa recibió 20.000 euros por un café, una enfermera en Berlín perdió su salario digital. En China, Li infectó el e-CNY, causando pánico en Shenzhen. Marcus, desde Nueva York, saboteó el dólar digital, paralizando transacciones en Wall Street. En Panamá, nuestro virus golpeó el sistema de pagos del Canal, deteniendo transferencias por un día. Los titulares gritaban: “Crisis digital global”. Los gobiernos culparon a “hackers anarquistas”, pero nuestro mensaje en X2 se viralizó: “El efectivo no miente. Exige libertad”.

La propaganda fue mi dominio. Desde Panamá, usé mi experiencia en marketing para crear videos que evocaban el apagón de 2025: “Sin efectivo, no comiste. Sin efectivo, no eres libre”. En X2, nuestros manifiestos alcanzaron 400 millones de usuarios. En Berlín, pintamos “Cash is king” en el Muro. En Pekín, hackers proyectaron nuestro logo en rascacielos. En Nueva York, repartimos folletos en Times Square. En Panamá, inundamos el Mercado de Mariscos con panfletos, y los vendedores, nostálgicos, compartieron historias de los días en que los billetes reinaban.

El tercer frente fue el más audaz. En talleres secretos en Colón, Varsovia y Manila, imprimimos billetes falsos de euros, dólares y yuanes, tan precisos que engañaban a cualquiera. Los distribuimos en Lisboa, Shenzhen, Chicago y Panamá. En abril, los mercados negros se llenaron de papel. En Madrid, un bar aceptó euros físicos; en Guangzhou, un taxista tomó yuanes en mano; en Colón, un puesto de pescado cambió dólares en papel. Durante seis meses las CBDC colapsaron. En agosto de 2036, los gobiernos suspendieron el euro digital, el e-CNY y el dólar digital, mientras la gente exigía billetes. En Panamá, el Mercado de Mariscos volvió al efectivo, y el Canal aceptó pagos en papel por primera vez en una década.

El contraataque

Creíamos que habíamos ganado, pero los bancos centrales contraatacaron. En septiembre de 2036, el BCE desplegó un parche cuántico, restaurando el euro digital. China usó su vigilancia para rastrear a Li, capturado en Hong Kong. La NSA arrestó a Marcus en Nueva York. En Panamá, un operativo policial allanó nuestro taller en Colón; escapé a Lisboa en un carguero, con el corazón en la garganta.

La narrativa fue su arma más letal. Los gobiernos nos tildaron de “ciberterroristas”, y los medios digitales, controlados por bancos, nos pintaron como criminales. En X2, bots estatales inundaron las redes con propaganda: “El efectivo es obsoleto, las CBDC son el futuro”. La ONU aprobó un “pacto de estabilidad digital”, prohibiendo el efectivo en la UE, China, EE. UU. y Panamá. La mayoría, agotada por el caos, aceptó las CBDC renovadas. Nuestros billetes fueron confiscados, y el control digital regresó.

Un susurro en el papel

Operación Cashback duró seis meses, un relámpago de libertad. Por medio año, el mundo saboreó el efectivo otra vez. En Lisboa, un café guarda billetes antiguos en una caja. En Shanghai, un mercado secreto usa yuanes físicos. En Colón, un vendedor de pescado jura que nunca confiará en el dólar digital. Pero el control volvió, más feroz.

Desde mi escondite en Lisboa, escribo esto para que no se olvide. Mi libro, Relatos casi posibles, no predijo este mundo, pero ahora sé que las historias pueden cambiar la realidad. El apagón de 2025 nos enseñó que el efectivo es resistencia, pero los bancos son implacables. Nuestra lucha no murió; las semillas que plantamos germinarán. En mi bolsillo, un billete de 20 dólares susurra que la libertad aún respira.

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Pedro Miguel
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