Hannibal Lecter, el monstruo entre los monstruos

25 mayo, 2026 por Luis Manuel Nieto

Hoy vengo a hablaros de un personaje que no solo ha marcado el cine de terror, y es que sobre todo ha marcado tendencia dentro del thriller. Porque si hablamos de El silencio de los corderos, libro escrito por Thomas Harris en el año 1988, hablamos no solo de un gran thriller, sino de la creación de un personaje tan icónico y enorme como es Hannibal Lecter. A muchos os vendrá a la cabeza esa gran película que hizo basándose en el libro Jonathan Demme en 1991, tío de otro gran director como lo fue Ted Demme.

Por desgracia, y aquí empleo esta palabra como buen escritor que soy, que el personaje de Hannibal se diese a conocer mundialmente por la película y no por el libro, algo que en realidad me repatea de tal manera que intento que cualquiera que aún no conozca la película lea antes la obra escrita por Thomas Harris.

Pero bueno, vayamos a lo que muchos estáis esperando, y no es otra cosa que hablar sobre el que para mí es el monstruo entre los monstruos, y no hablo por estar ante un asesino grotesco o que supera a otros que por sus formas superan quizás a Lecter, pero no estaría mal recordar que cuando hablamos de la creación de Thomas Harris estamos ante un sociópata bastante astuto e inteligente, en otras palabras se podría definir como un genio desequilibrado hasta el punto de llegar a lo que Harris nos cuenta dentro de esta serie de novelas.

Y si vamos al origen de todo, me gustaría mencionar en quién se basó el escritor para dar forma a este monstruo de la literatura y del cine. Harris dijo inspirarse en un médico llamado Alfredo Ballí, más conocido como el doctor Salazar, a quien la prensa llegó a apodarle con el nombre del monstruo de la Talleres. El propio Harris intentó verse con un criminal llamado Dykes Simmons en prisión cuando el escritor trabajaba para la revista Argosy, pero extrañas circunstancias entre ellas que Simmons fuese salvado en un tiroteo por el doctor Salazar cuando intentó fugarse de la prisión, hizo que Harris quisiese reunirse con Salazar para hablar de la naturaleza de Simmons a la hora de asesinar a sus víctimas.

Lo que más le llamó la atención al escritor de Salazar fue su elegancia y cómo este se mantenía quieto y en un estado de calma, pero lo que no sabía es que estaba conversando con otro reo, hasta que el director de la prisión le habló sobre él y de cómo no se trataba de un simple asesino, siendo capaz de empacar a sus víctimas en pequeñas cajas. Con el tiempo, Harris supo que el doctor Salazar era realmente el médico Alfredo Balli. Aunque dicha la verdad, por mucho que Harris se inspirase en este asesino, nada tenía que ver con el monstruo que creó entre las páginas de sus libros; un monstruo mayor de lo que posiblemente ni siquiera Harris supo de la grandeza y fama que iría cogiendo con el paso de los años.

Hannibal Lecter apareció por primera vez en el libro titulado El dragón rojo, escrito en 1981, donde Harris nos daría a conocer a nuestro famoso psiquiatra caníbal, aunque en este libro pasaría más bien a ser un personaje secundario, hasta llegar al libro que mencioné anteriormente, El silencio de los corderos escrito siete años después, siendo este su mayor éxito.

En este segundo libro de la saga es donde los lectores conocerán más a fondo a Hannibal, quien será visitado varias veces por la agente del FBI Clarice Starling. Ocho años después, Harris nos trajo la continuación con Hannibal, para después dar por finalizada la saga siete años más tarde con Hannibal: El origen del mal. Dentro de estas novelas Harris nos muestra un asesino metódico, tranquilo y a la vez manipulador, pero sobre todo cínico.

Y he aquí las dos visiones que nos muestra o al menos nos quiere mostrar Harris cuando trata de Hannibal, donde por un lado nuestro sociópata se quiere mostrar culto, inteligente, educado, bastante refinado y con amor por la música clásica y el arte, y claro, con todo esto… ¿Quién demonios se pensaría que estamos ante un depravado que lleva sus dotes culinarias más allá de lo inimaginable?

Pero detrás de toda esta máscara que esconde su verdadera identidad nos encontramos con un ser depravado, frío, calculador, y lo peor de todo, llevando al límite más sobrecogedor su gusto por saborear la carne humana. Y la verdad sea dicha, Hannibal disfruta mucho creando ciertas combinaciones dentro de nuestra gastronomía mezclada con algún que otro hígado o corazón de alguna de sus víctimas; y ni qué decir de degustar cualquier parte de la región cerebral, un manjar para alguien como él.

Si nos vamos a los comienzos de este peculiar sociópata, tenemos que viajar hasta Lituania, donde sus padres no eran unos cualquiera; su padre era un noble, mientras que su madre pertenecía a la aristocracia, de ahí entenderemos bien ese gusto de Hannibal por la música clásica y su buena conducta a la hora de comportarse y sobre todo esa inteligencia y sabiduría de la cual está bastante bien dotado. Además, según se nos cuenta en los libros, pertenece a una dinastía bastante importante como los Visconti, una familia de Milán que tienen como escudo el símbolo de un dragón antropófago, ahí es nada.

La infancia de Hannibal no fue lo que se dice un camino de rosas, más bien fue dura, sobre todo porque le tocó vivir siendo niño la segunda guerra mundial.

Lo más duro que tuvo que vivir fue cuando tanto él como su hermana fueron prisioneros de un grupo llamado Hiwis, unos mercenarios lituanos que solían ayudar a los nazis; pero lo peor vino cuando este grupo se quedó sin provisiones viéndose obligados a acabar con la vida de su hermana para después acabar comiéndosela. He aquí donde el propio Hannibal también se vio obligado a comer carne que venía del cuerpo de lo que hasta entonces había sido su hermana, y de algún modo este fue el inicio o el nacimiento de Hannibal con el canibalismo.

Más adelante, Lecter sería quien acabaría de manera brutal con este grupo para así vengar la muerte de su hermana, y lo hizo con una violencia extrema.

Después de todo aquello, Lecter decidió emigrar a EEUU allá en el año 1975 para graduarse como doctor, en psiquiatría, donde comenzaría a trabajar en Maryland. Y si nos vamos hasta ese Hannibal que todos creemos conocer nos encontraremos con un sociópata que según palabras suyas suele comerse a aquellos que suelen ser groseros. Y, por que no decirlo, también para demostrar esa superioridad respecto al resto, viendo como la sociedad se comporta como una simple marioneta ante las normas que les obligan a seguir. Y si comenzamos a hablar de sus víctimas, debemos saber que Lecter cometió al menos nueve asesinatos desde que había conseguido graduarse como doctor. Pero es que alguna de sus víctimas consiguieron salir con vida de las garras de nuestro doctor sociópata, sobre todo un tal Mason Verger, quien solía acudir a sesiones de terapia con Hannibal Lecter tras ser obligado a ello por ser detenido tras abusar de varias menores y violar a su hermana, quien se llamaba Margot, y quien también acudió al doctor Lecter para varias sesiones.

A decir verdad, ¿A quién le hubiera importado que Lecter acabase con la vida de un abusador sexual y violador como era Mason Verger? Y es que estuvo a punto de ello, cuando el propio Verger invitó a Lecter a su casa, algo que el doctor aprovechó para drogarle y obligarle a que este se cortase su propia cara con un trozo de cristal, para después más adelante esos trozos de su propia carne se las diese a sus perros; después hizo que siguiese para que se comiesen también su propia nariz. Intentó degollarle y le dejó tirado en su propia casa con la idea de que se desangrase, pero por suerte para Verger fue encontrado con vida.

Consiguieron realizar un lavado de estómago a sus perros para así conseguir las partes que habían ingerido de su rostro, lo que les permitió recuperar parte de su cara, pero aun así su rostro quedaría deforme, y no solo eso, durante el resto de su vida confinado a una máquina de soporte vital.

Otras de esas víctimas que lograron sobrevivir a Lecter fue Will Graham, investigador del FBI, quien más adelante sería el que lograría darle caza. Pero antes de eso, Lecter fue capaz de asesinar a varias víctimas más, hasta llegar al número de nueve como mencioné anteriormente, y siempre saboreando partes de sus víctimas dejando salir a escena su pasión por el canibalismo. La última víctima de Hannibal Lecter fue un tal Benjamin Raspail, quien era un flautista, y también fue paciente suyo. Quizás lo que pudo ser mortal para él fue sin duda su poca destreza en la música, algo que el propio Lecter no era capaz de soportar, sabiendo lo que significaba para el doctor el poder disfrutar de la buena música. Queda mencionar que encontraron el cuerpo de Raspail en un banco, sin corazón ni tampoco su páncreas. Algunos incluso creen que estas partes fueron ofrecidas por el propio Lecter en una cena que él mismo llegó a organizar para los directores de la orquesta en la que participaba Raspail. Como dije antes, Will Graham consiguió capturar a Lecter más o menos sobre abril de 1975. Todo vino precedido cuando el propio Graham decidió reunirse con Lecter y hablarle sobre varios asesinatos cometidos en Baltimore. El hecho de que el doctor hubiese tratado a una de esas víctimas hizo que todas esas pistas le llevasen hasta la verdad: Hannibal Lecter era su hombre. Y todo esto a pesar de que Lecter intentó acabar con la vida del investigador Graham pero finalmente pudo salir con vida.

Y es que si nos paramos a pensar en lo que se esconde tras el rostro de este sociópata podemos sorprendernos ante la inteligencia con la cual trata con el resto de la sociedad, y cabe mencionar como fue capaz de crear una extraña y estrecha relación con la agente Clarice, donde ella siempre supo mostrar cierto respeto por Lecter; respeto que incluso a veces se podía disfrazar de miedo, y no olvidemos que ella estaba ante alguien que fue capaz de comerse a sus propias víctimas, y ni qué decir de su mirada fulminante. Pero quisiera decir que aunque desde esas primeras visitas de Clarice a Lecter para que le ayudase con Buffalo Bill, donde Lecter era capaz de ver a una mujer asustada y con poca confianza en sí misma, según ella va visitándolo llegan a una especie de trato donde ambos comienzan a intimar más de lo normal, incluso dejando a un lado esa relación de asesino y agente. Clarice quizás fue la única que supo ver lo que se escondía detrás de esa máscara que Hannibal solía ponerse ante el resto del mundo, y para ella con el paso del tiempo empezó a ver en la imagen del doctor como a un sustituto de su difunto padre, llegando a mantener una extraña relación entre ambos. Pero a pesar de ver como Clarice fue capaz de tratarlo de tal modo, no debemos olvidar la verdadera naturaleza de alguien como Hannibal Lecter, un asesino metódico, inteligente, manipulador, y lo que es aún peor, capaz de comerte a bocados si se lo propone. Puede que estemos ante uno de los mayores asesinos dentro de la literatura, y no solo eso, también uno de los más originales a la hora de ser creado; debemos darle las gracias a Thomas Harris por crear a este gran personaje.

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