Estos días en los que se acaba el año es época de cuentos, así que yo hoy os voy a explicar uno…

Martes 23 de diciembre, Barcelona. Una marea humana inunda las calles del centro. No se sabe si van o vienen, tan solo empujan. Tienen prisa. Hay que comprar los regalos navideños y queda poco tiempo. Deberían haberlos comprado antes, pero ya se sabe, las apretadas agendas que tenemos no dejan mucho margen.

Ella está de mal humor. Para poder estar allí ha tenido que saltarse la clase semanal de yoga, pero qué le vamos a hacer, ya lo compensará haciendo doble sesión la próxima semana. Hace una lista mental de todos los regalos e inicia la búsqueda entre la masa humana como si se tratara de una carrera contrarreloj.

En cierta forma lo es.

 

El tiempo… Ese concepto abstracto que según Einstein es relativo, es decir no fluye igual para todos los objetos.

Para los occidentales el tiempo es lineal, para otras culturas más orientales en cambio, es cíclico e infinito. Podemos encontrar variaciones también en la importancia que se le da a la forma de calcularlo. En algunas  como la tribu Amondawa del Amazonas o  la isla de Sommarøy en Noruega ni siquiera existe la distribución babilónica de segundos y minutos, tan solo se rigen por la luz solar o los ciclos lunares.

Según se mire, el tiempo fluye hacia adelante o se descuenta hacia atrás.

 

Ella intenta cruzar un semáforo del paseo de gracia de Barcelona. Las luces que adornan la calle son bonitas y se gira a mirarlas, durante unos momentos el tiempo se detiene…

Era la flor más maravillosa que había visto. Y no parecía hecha de nada más que de colores luminosos… Momo se quedó tan embelesada en aquella visión que olvidó todo lo que la envolvía.

Pero alguien le empuja y cae al suelo. La mujer que le ha empujado ni se da cuenta, está haciéndose fotos, impostando la sonrisa. Fotos que subirá a redes y que nunca más volverá a mirar. Los coches pitan, se ha vuelto a poner en rojo. Ella se levanta rápidamente y sale corriendo. Tiene exactamente una hora para envolver todo antes de que su familia llegue. ¿Las fiestas son para descansar? Ni hablar. No hay tiempo. La Navidad está programada. 24 en casa de los padres de él, 25 en la de los suyos, 26 en casa de su hermana… Se considera afortunada de poder celebrarlo en compañía, claro, porque cuando las ausencias comienzan, la soledad deja su huella más siniestra durante estos días, pero por la noche cierra los ojos y no puede dormir. El corazón le martillea en las sienes. ¿Se ha dejado algo? ¿Le falta algún regalo?

La revolución industrial trajo muchas mejoras como el incremento masivo de la producción y mejoras en el transporte (ferrocarril, barco de vapor), haciendo accesibles productos manufacturados a más gente, además de impulsar avances en medicina e infraestructura. Pero también buscó la eficiencia por encima del trabajo bien hecho. La frase “el tiempo es oro” se popularizó a partir del dicho inglés Time is money“, atribuido a Benjamin Franklin, quien la usó para enfatizar el valor del tiempo y la productividad.

Se levanta y camina por el pasillo forrado de libros. La casualidad hace que caiga uno desde la estantería más alta. Está lleno de polvo y es una edición barata de bolsillo, pero le llama la atención. Solo cuatro letras, dos fonemas. MOMO.

Hoy voy a hablar de un libro precioso, MOMO (1972). Novela corta clasificada como juvenil, pero que, en mi opinión, tiene una lectura muy adulta.

El autor, Michael Ende (1929-1995), fue uno de los autores alemanes más populares del siglo XX, léanse también la maravillosa novela La historia interminable (una de las novelas y películas favoritas de mi infancia), y consiguió transmitir con sus obras una particular visión filosófica de la vida donde destaca la importancia de la imaginación, la amistad y los peligros de la deshumanización del ritmo de vida frenético del capitalismo.

Comienza a leer, solo para coger el sueño, luego la dejará, tiene otras novelas pendientes y esta, ya se la leyó hace años. Pero conforme avanza por sus páginas se siente interpelada, se pregunta por qué tanta prisa, por qué tanto plan, si está de vacaciones. Qué problema hay en releer un libro o en quedarse mirando el techo un ratito.

MOMO es la historia de una niña, huérfana que vive en una pequeña barraca cerca de las ruinas de un anfiteatro. Momo no tiene nada, pero no lo necesita porque tiene amigos que la aprecian y la ayudan. A cambio, Momo les dedica toda su atención. Los escucha plenamente y sin prisas, sin interrupciones, sin apartar la mirada. Con ese simple hecho, tan sencillo y a la vez, tan complejo, les da todo lo que tiene y les ayuda a encontrarse a ellos mismos.

Es 27 de diciembre. La Navidad ha pasado, pero todavía dispone de unos días libres. En las casas de sus amigas, dónde hay niños pequeños, se enlazan actividades unas tras otras para que estos nunca se aburran. La casa de papá Noel, el campamento de los reyes magos, el belén viviente, el teatro infantil… En la suya ya no hay nada de eso, suspira aliviada, ya han crecido, pero ha llenado igualmente todas las horas libres con pilas de tareas pendientes. El máster, el gimnasio, las compras, limpieza, los libros pendientes, el artículo para la revista, hasta las quedadas con amigos son citas en una agenda.

 

MOMO es la historia de una niña que se enfrenta un peligro que acecha la ciudad, los hombres grises. Ellos se presentan ante los hombres como representantes del banco del tiempo y les ofrecen una oferta inmejorable. Ahorrar tiempo a cambio de una vida mejor. Ella será la primera en descubrir la estafa que promueven y en darse cuenta de que son ladrones de vida. Los mirará a la cara tras escucharlos y les dirá que no, gracias. Que no está interesada en ahorrar tiempo, en que todas sus acciones tengan un objetivo y estén programadas, que no necesita un plan de ahorro del tiempo dedicado a hacer nuevos objetivos. Que prefiere la imaginación y el amor de sus amigos a la posesión de objetos y la planificación y la perspectiva de una vidaza futura.

Pronto los hombres grises se darán cuenta del peligro que supone esa niña sin planes de futuro. Y se convertirá en un objetivo a combatir.

Lee con algo de culpa todavía, pero por primera vez en mucho tiempo lo que lee le hace reflexionar. Quizá no sea casualidad haber encontrado este libro, piensa. Quizá necesita ir más despacio.

Los hombres grises van deprisa, el tiempo es oro, dicen. Se les escapa como el humo de sus cigarrillos. En cambio, a Momo le sobra, si hay algo que tiene es tiempo. No es casualidad que uno de los personajes que ayudan a Momo sea una tortuga, Casiopea. En mi opinión es una clara la referencia a otra obra maestra de la literatura, Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, donde uno de los protagonistas, el conejo blanco está obsesionado con el tiempo y se pasa media novela corriendo y diciendo que llega tarde.

Momo se sorprendía de lo lentas que caminaban y de la velocidad con la que avanzaban.

Casiopea acompañará a MOMO hasta el único que puede protegerla. El verdadero objetivo de los hombres grises, el señor que administra el tiempo, el señor Mester Hora.

31 de diciembre. Internet se llena de listas que muestran al mundo lo bien que todos han aprovechado el tiempo. Películas, libros, canciones, los mejores del año, logros conseguidos y objetivos para el año que entra. Seremos más eficientes y mejores. Ella también lo hace y se pregunta si debe incluir en su lista ese pequeño libro, una relectura de su pasado.

Al final, decide no hacer la lista, pero coge el teléfono y llama a su mejor amiga.

—¿Quedamos esta tarde para tomar café? Me gustaría hablarte de un libro.

Estoy segura de que te gustarán mis amigos… Les explicaré cosas de las flores y de la música y de Mester Hora y todo lo demás… Estoy contenta de volverlos a ver

07 de enero. Ella vuelve a trabajar. Madruga y se ducha en apenas diez minutos, se viste en cinco, bebe zumo directamente de la botella y se hace su café de capsula en otros cinco minutos. Sale de casa sin apenas comer nada. Corre para coger el metro, corre para coger sitio, corre para entrar a tiempo.

Los compañeros de trabajo se acercan con cara de sueño y con un café en las manos. Saludan y preguntan: ¿Qué tal?, ¿qué has hecho?

 Qué has hecho.

Viajes, visitas a la familia, salidas a la montaña… Incluso si no salimos de la ciudad, añadimos el comentario, pero no he parado (de leer, ver películas, limpiar la casa, salir a cenar o al teatro, comprar, etc.) para que quede claro que el tiempo no se ha perdido, se ha dedicado a un fin, que se ha aprovechado, no se ha perdido.

El tiempo es oro. ¡Ahórralo! Dice uno de los lemas de los hombres grises del banco del tiempo.

Procrastinar. Palabra muy de moda y que, según la RAE, significa aplazar, posponer o dejar para otro día tareas importantes. Retrasar lo que sabes que debes hacer por pereza o molestias.

 Incluso las horas de ocio, está era la opinión de los hombres grises de, tenían que ser aprovechadas. Estas horas les tenían que procurar diversión y relajamiento lo más rápidamente posible.

Pero Mester Hora le dice a MOMO que, para recordar y compartir las maravillas de su reino, debe dejar madurar la semilla. Debe dormir durante algo más de un año. MOMO, acepta porque quiere compartir lo que sabe con sus amigos. Y duerme…

Ella se sonroja y dice: —Nada.

Sus compañeros se apartan, un poco decepcionados, y repiten la pregunta con los demás. Se explican las maravillosas actividades familiares que han realizado, viajes, museos, restaurantes… y se enseñan las fotos de todo ello. Ella se da cuenta que, en realidad, no se están escuchando, solo esperan su turno para hablar.

Porque lo que había descubierto era que hay riquezas que significan la ruina cuando no pueden compartirse con los otros.

Ella se da cuenta que detrás de cada uno de ellos, hay un hombre gris que fuma y que apunta en una agenda. Diez minutos para explicar el viaje, cinco para tomar un café. Ella piensa que deberían dejar de escuchar a los hombres grises que les hipotecan el tiempo y que les roban la vida.

Había dejado de inventarse historias nuevas como las de antes, ya no tenía tiempo para esas cosas…

Cuando llega a casa, se descalza, se sienta en el sofá y coge de nuevo el libro, dispuesta a leer la última parte del libro. Piensa que el autor lo ha hecho bien, que muy sabiamente lo ha dividido en tres partes, porque son tres píldoras de fantasía que hay que saborear por separado, sin prisa. Abre, pues, la última parte y se sumerge en ella.

Y aquí acaba el cuento, amigos. Espero que os haya gustado.

Feliz año 2026 y ya sabéis…

Ojalá volváis a escuchar la flor que nace en nuestro corazón y que lo calienta. Busquad a vuestros familiares y amigos y dedicadles lo más valioso que tenemos, el tiempo. Dejad correr la imaginación y jugad con ella. Que las mejores historias nacen de esos momentos de dejar la mente libre, de no hacer nada.

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Susana Torres Cabeza
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