Una feria que sigue creciendo y mejorando edición tras edición.
El 21 de marzo, Sabadell volvió a convertirse en punto de encuentro para para autores y profesionales del ámbito literario. La Feria Va de Libros, organizada por la Asociación Entre Libros y Letras, celebró su tercera edición afianzando una comunidad que no para de crecer.
Desde primera hora, la jornada ya prometía. El acceso fácil y, sobre todo, la posibilidad de aparcar en el propio recinto de la Feria de Sabadell facilitaron enormemente la logística, especialmente para autores y participantes que llegaban cargados con libros, expositores y material de stand. Un detalle que en la práctica, se agradece.
La oferta gastronómica
Antes de cruzar el acceso acristalado hacia la feria, nos encontrábamos con una pequeña zona de food trucks. Dos propuestas que daban la bienvenida y que, especialmente a mediodía, se convertían en el lugar perfecto para hacer una pausa antes de volver al interior.
A la izquierda, La Kimeta ofrecía una variedad mayor de lo que podía parecer a simple vista. Además de pizzas, también contaban con otras opciones como nachos con guacamole, ideales para compartir o picar algo rápido. Una propuesta sencilla y sabrosa que encajaba muy bien con el ritmo del evento.
Justo enfrente, una hamburguesería que, pese a unos tiempos de espera algo más largos, también merecía la pena. En la barra se podían ver distintos tipos de hamburguesas, hot dogs y patatas, con una pinta exquisita difícil de ignorar.
Ya en el interior, la crepería Salado y dulce ponía el toque más goloso de la jornada. La excusa perfecta para hacer una pausa, darse un capricho y recuperar fuerzas entre firmas y compras.
Afluencia constante durante toda la jornada
El stand de Equilibria se ubicó en el pasillo central, muy cerca de la entrada, y desde el primer momento se notó el movimiento. Desde las 10 de la mañana, los visitantes fueron pasando de forma constante. No hubo grandes aglomeraciones, pero sí algo mucho más valioso, gente con franca curiosidad, con ganas de pararse, de mirar y de conversar.
Más de 400 participantes, entre autores, ilustradores y tiendas literarias, daban forma a un espacio muy diverso. Novela histórica, fantasía, infantil, romántica —o esa ya híbrida romantasy— convivían con propuestas más de nicho y otros proyectos de autoedición.
A esto se sumaban stands con complementos literarios como fundas para libros, stickers, ilustraciones de estética manga y productos handmade que ampliaban las opciones más allá de los propios libros.
Al fondo del recinto, de la mano de Paper Arrugat, una zona creativa ofrecía actividades como dibujo y fabricación de insignias, despertando el interés de los más pequeños y, casi sin darse cuenta, acercándolos al mundo de la lectura que tenían justo al lado.
Cercanía con los autores
Uno de los grandes valores de la feria es, sin duda, el trato directo. Existe una implicación muy cercana, con conversaciones espontáneas, recomendaciones y una defensa honesta de cada obra. La ausencia de intermediarios aporta una autenticidad a la que se suma la posibilidad de llevarse libros firmados por los propios autores.
Sin embargo, también aparece un matiz a tener en cuenta. En varios momentos de la jornada, algunos autores salían de sus stands para dirigirse a visitantes que simplemente estaban pasando, tratando de captar su atención de forma activa. Este tipo de interacción, distinta a la de quienes se acercan por interés propio o a saludar a sus autores preferidos, puede resultar incómoda para parte de los asistentes.
Ese acercamiento tan directo, aunque nace del entusiasmo y de las ganas de compartir y vender, puede sentirse intenso e incluso generar pequeños tapones en el recorrido. Aun así, se entiende como una iniciativa individual para darse a conocer, y no como una dinámica promovida por la organización, que cuida la imagen del evento y fomenta el respeto entre compañeros.
Encontrar un equilibrio que deje más espacio al visitante para acercarse con calma, curiosear y descubrir cada propuesta a su ritmo podría enriquecer todavía más la experiencia. Ese margen permite que el interés surja de forma más orgánica y que el público se sienta cómodo explorando. Un ambiente más relajado favorece tanto al lector como a quienes presentan su trabajo, y contribuye a que el evento siga creciendo y atraiga a más visitantes en futuras ediciones.
La feria como espacio de networking
Va de Libros no es solo un escaparate, es, sobre todo, un punto de encuentro. Para autores autopublicados supone una oportunidad real de ganar visibilidad. Para ilustradores, una forma directa de mostrar su trabajo. Y para pequeños sellos y creadores de contenido, incluidos bookstagrammers, un espacio donde conectar y ampliar contactos.
Ahí está, probablemente, la magia de una de sus mayores fortalezas, en todo lo que ocurre entre stand y stand. En las conversaciones que surgen, en los encuentros improvisados, en el intercambio de perfiles o en la oportunidad de conocer en persona a quienes solo estaban al otro lado de una pantalla. Momentos que, al final, dejan huella.
No se trata solo de vender, que también es importante, sino de crear comunidad, unión y vínculos que perduren. Porque el mundo de la autopublicación ya es, de por sí, un camino difícil y a menudo solitario. Los autores, sin saberlo, se embarcan en una gesta en la que, en muchas ocasiones, la difusión apenas existe si no hay un respaldo fuerte detrás o trabajo muy duro.
Por eso, Va de Libros ofrece un espacio que va más allá de la simple venta. Un lugar donde encontrarse, compartir y sentirse parte de algo mayor. Y es eso precisamente lo que apreciamos desde Equilibria.
La organización
Si hay algo que funciona con solidez es la forma en la que está planteado el evento. La Asociación Entre Libros y Letras demuestra, una vez más, el cuidado con el que se prepara cada edición, con una logística ágil, una atención cercana al participante y gestos como el set de bienvenida.
A ello se sumó la iniciativa de un concurso en el que muchos autores aportaron sus obras de forma desinteresada, generando un ambiente aún más participativo, donde prácticamente todo el mundo terminaba llevándose algo y ese espíritu colectivo se hacía especialmente visible.
Detrás hay un trabajo constante por mejorar edición tras edición. Se escucha, se recogen sugerencias y se busca adaptarse a las necesidades de quienes participan. Todo ello recae en un equipo que, aunque pueda parecer mucho mayor, está formado por solo cinco personas que asumen una labor enorme con un compromiso admirable. Nuestras felicitaciones para Anita, Izaberu, Shelly, Laury e Irene.






Ese esfuerzo se percibe desde el primer momento. La amplitud del recinto, la variedad y el color de los stands, las sonrisas, el buen ambiente… todo suma para crear una experiencia que invita a quedarse y disfrutar.
La entrada gratuita y un horario amplio, de 10:00 a 20:00, terminan de redondear una propuesta que no solo funciona, sino que deja con ganas de volver.
Balance final
En su tercera edición, la feria confirma que sigue creciendo. Lo hace desde la cercanía, desde el respaldo de un público fiel y con una propuesta que cada vez se define mejor.
Con pequeños ajustes —especialmente en la experiencia de recorrido del visitante y en la disposición de los stands—, Va de Libros tiene todo para consolidarse como una de las citas imprescindibles del panorama literario local y, quién sabe, también a una escala más amplia.
El valor de esta feria no está solo en los libros, sino en el tejido de relaciones que genera más allá de las redes sociales.
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Nivel 14 – Rey Ilkan’Yed
Nivel 13 – Ministro de Guerra Kurle’Kyan
Nivel 12 – Tesorero Real Eshan’Akan
Nivel 11 – Comandante de Dragones Al-Ekyal
Nivel 10 – Comandante de la Guardia Real
Nivel 9 – Comandante de Infantería
Nivel 8 – Comandante Naval
Nivel 7 – Cuerpo de Meen (Guardia Real)
Nivel 6 – Ekkynandae (Dragones de Aire)
Nivel 5 – Ekkynandae (Dragones de Tierra)
Nivel 4 – Ekkynandae (Dragones de Agua)
Nivel 3 – Los Korps (Armada)
Nivel 2 – Los Korps (Caballería)
Nivel 1 – Los Korps (Infatería)
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