Finalista 1er Certamen de microrrelatos Edición Navidad – Tradiciones

31 diciembre, 2025 por Certámenes - Equilibria

Tradiciones

de Yolanda Fernández Benito

Cada vez que llegaba aquella fecha se le encogía el corazón, pero estaba convencido de que si dejaba morir las tradiciones perdería parte de la poca humanidad que le quedaba. Desde que tenía uso de razón, pasase lo que pasase, en su casa el portal de Belén se colocaba el segundo fin de semana de diciembre, así que apuró el desayuno y se encaminó hacia el salón donde las figuras del Misterio llevaban esperando pacientemente todo un año.

Al recorrer el largo pasillo, lleno de puertas que daban a habitaciones vacías, no pudo por menos que recordar los viejos tiempos en los que las risas y las caras de ilusión de sus hijos, primero, y sus nietos, después, alegraban aquellas fechas tan señaladas. También recordó el olor del chocolate con churros que tomaban para merendar una vez que todos los belenitas habían ocupado sus puestos. Para su desgracia, aquel día tendría que conformarse con la última onza de chocolate que guardaba desde hacía tiempo para la ocasión.

A medida que avanzaba por el pasillo, se iba arrebujando más en su abrigo y hasta agradeció haberse puesto un ridículo gorro de Papá Noel. Sus huesos ya no eran los mismos y si cada vez le costaba más hacerse con suficiente leña para calentar la vieja cocina, ahora trasformada en apartamento de soltero donde hacía vida, calentar el resto de la casa era una utopía.

Al llegar a la puerta del salón rezó porque las figuras del Misterio se hubiesen conservado bien. Del resto de personajes hacía años que había prescindido, ya no le quedaban ganas ni fuerzas para buscar reemplazo. Al tiempo que giraba el pomo, con la mano izquierda se colocó la desgastada bufanda trufada de motivos navideños de manera que le cubriese la boca y la nariz para evitar el hedor a cerrado.

El ruido de sus pasos despertó a los pacientes figurantes de su Belén noviviente que comenzaron a emitir atenuados gruñidos. Cuando corrió los cortinones que protegían las ventanas y retiró las sábanas llenas de polvo que cubrían el Misterio, se volvieron locos, intentando liberarse de las ataduras que los mantenía presos.

Respiró al ver que, aunque alterados, todos aguantarían al menos una navidad más. Aunque debería ir pensando en encontrar a una sustituta para la virgen María, que tuviese la mandíbula entera. Pero de eso ya se encargaría cuando pasasen las fiestas y llegase el buen tiempo de nuevo.

Sin demorarse más, con los gruñidos de fondo, y de mejor humor al pensar en el sabor del chocolate que le esperaba en la caldeada cocina, salió del salón mientras silbaba un viejo villancico convencido de que el apocalipsis no era excusa para abandonar una de las tradiciones más bonitas del año.

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