El concilio
de Jesús Durán y Libertad García-Villada
El viajero salió de la cápsula del tiempo, oculta en el bosque, y puso el pie en aquella tierra antigua. Revisó por enésima vez su ropaje y se dirigió hacia la población.
Cuatro años de preparación y entrenamiento exhaustivos para infiltrarse en el Concilio de Nicea, donde, en el año 325, se estableció la fecha de celebración de la Pascua. Cultura, idioma, gestos, incluso modificación de las facciones mediante cirugía. Todo porque los influencers de la empresa para la que trabajaba habían llegado a la conclusión de que era necesaria una fecha más apropiada para el tipo de producto que vendían: juguetes sexuales. Resolvieron cambiar el día de la Navidad. Hacerla coincidir con el Día de los Enamorados. Papa Noel regalando consoladores a mansalva. Gran beneficio. Eso indicaban sus sesudos estudios.
Cierto que la dirección de la empresa eludió la ética, los acuerdos y las prohibiciones de los viajes temporales. Pero, ah, no tenía escrúpulos y pretendía dominar el mercado sexual con aquella jugada maestra.
¿Paradoja temporal? ¿Modificando el pasado de esta manera, la empresa sería distinta en el futuro? No, en absoluto, dado que los directivos, los trabajadores y sus familiares disponían de unos contenedores herméticos anti-tiempo en los que eludirían las correcciones del nuevo presente.
El viajero pensó con satisfacción: «Con mi contribución haré millonarios a nuestros queridos jefes y a mis compañeros».
Llegó al Concilio a tiempo, junto con el resto de los expertos. Le costó un poco adaptarse a la cadencia del idioma, a los gestos, a la proximidad de la gente…, tan diferente de los ensayos y las opciones consensuadas con los asesores. Y allí, en la antesala principal, gracias a su instrucción, le resultó sencillo malmeter a unos contra otros; aplicó técnicas de trolleo, de spam sanguinario, de bulos enmascarados con buenas promesas.
Entraron al Concilio. Los asistentes estaban en un estado malsano, disperso, obtuso y malcarado. El viajero palpaba la tensión: latía, quemaba por su intensidad. Era el escenario que necesitaba para su discurso. Años de adiestramiento le habían llevado a aquel instante de triunfo, a modificar el futuro, todo por el estipendio de la empresa.
Finalizadas las votaciones, el viajero volvió con el objetivo logrado hasta el escondrijo en que había dejado la cápsula. Pero… había desaparecido.
«¿Y esto?», se preguntó.
Se quedó helado. El cambio de fecha había modificado su presente. Algo imposible, como le perjuraron y certificaron cientos de veces sus jefes y los ingenieros del viaje. «¡Malditos, me han engañado!», gritó. Lo habían enviado a una misión suicida. Era un jodido mártir, traicionado por los bulos de sus mandamases.
La rabia lo atrapó, arrancándole de cuajo su celo empresarial. La súbita inquina le impulsó a regresar para convencer al Concilio de nuevo, esta vez para que no hubiese Navidad y, por qué no, para que el Día de los Enamorados cayese en Semana Santa.
Seguro que en el futuro se llevaban una sorpresa.


Nivel 14 – Rey Ilkan’Yed
Nivel 13 – Ministro de Guerra Kurle’Kyan
Nivel 12 – Tesorero Real Eshan’Akan
Nivel 11 – Comandante de Dragones Al-Ekyal
Nivel 10 – Comandante de la Guardia Real
Nivel 9 – Comandante de Infantería
Nivel 8 – Comandante Naval
Nivel 7 – Cuerpo de Meen (Guardia Real)
Nivel 6 – Ekkynandae (Dragones de Aire)
Nivel 5 – Ekkynandae (Dragones de Tierra)
Nivel 4 – Ekkynandae (Dragones de Agua)
Nivel 3 – Los Korps (Armada)
Nivel 2 – Los Korps (Caballería)
Nivel 1 – Los Korps (Infatería)






Vicente Ortiz dice:
Es lo que tiene jugar con el tiempo.
Muy bien, pareja.
Rafa García dice:
Es tal como dices, jugar con el tiempo más la suma de la esencia humana, la combinación perfecta.