El ciervo en Nochebuena
de Vicente Ortiz
La carretera culebreaba cada vez más angosta entre los valles y montañas que anticipaban la proximidad de las cimas. La nieve derretida se apelmazaba en las cunetas más sombrías formando peligrosas placas mezcladas con barro congelado. En noches tormentosas, la prudencia obligaba a conducir por el centro cuando el paso se estrechaba tanto que las ramas de los pinos de ambos lados no necesitaban del viento para acariciarse y formar un túnel.
Le dolía la cabeza por el agotamiento de una larga jornada. Empezó a llover cuando descendían para cruzar el puente del ferrocarril. Miró de soslayo a Jack. No parecía preocupado por viajar con temporal. Eso la relajó un momento. Solo unas pocas curvas. Justo las que los separaban de algo que, como una alucinación, se cruzó ante sus faros. Pero las alucinaciones no emiten estruendos ni sacuden camionetas con violencia. Pensó en un ciervo, el del accidente que los envió al hospital.
Ante la pasividad de su novio, que buscaba nervioso el teléfono, bajó para inspeccionar el vehículo. La parte delantera estaba intacta. Revisó los bajos. Ni rastro de algún animal. En ese momento unas luces empezaron a ganar tamaño. Caminó unos metros por el centro de la vía y agitó los brazos para llamar la atención y pedir ayuda. Era un conocido del pueblo al que explicó lo sucedido. El hombre parecía más asustado que ella. No salió del coche. Ni siquiera bajó la ventanilla. Más se inquietó cuando se aproximó un coche de policía con la sirena puesta. De él bajaron dos hombres uniformados. Confundida, dio media vuelta y caminó nerviosa para reunirse con su novio, que salía con la expresión desencajada, los ojos llorosos y la respiración acelerada.
—Se ha repetido lo del ciervo y, aunque no he sufrido daños, la he visto otra vez.
La voz de Jack sonaba distinta, como una reverberación lejana.
—Yo también la he visto, justo ahí —apunto el vecino.
Sus palabras viajaban en la misma frecuencia que las del novio. También la ignoraba. Se sintió como un fantasma.
—Señorita, no puede parar en mitad de la carretera —gritó el policía más viejo—, usted debería saberlo mejor que nadie.
Por fin alguien se dirigía a ella, aunque fuera para reprenderla. Miró a su alrededor, ya segura de no ser una aparecida. Ello no le hizo sentirse mejor, le recordó lo que pasó años atrás, cuando viajaba con su chico en Nochebuena y atropellaron a un ciervo. Luego llegó el coche que conducía un borracho del pueblo.
Volvió la vista al frente, hacia los policías, que eran las únicas personas que había a su lado.


Nivel 14 – Rey Ilkan’Yed
Nivel 13 – Ministro de Guerra Kurle’Kyan
Nivel 12 – Tesorero Real Eshan’Akan
Nivel 11 – Comandante de Dragones Al-Ekyal
Nivel 10 – Comandante de la Guardia Real
Nivel 9 – Comandante de Infantería
Nivel 8 – Comandante Naval
Nivel 7 – Cuerpo de Meen (Guardia Real)
Nivel 6 – Ekkynandae (Dragones de Aire)
Nivel 5 – Ekkynandae (Dragones de Tierra)
Nivel 4 – Ekkynandae (Dragones de Agua)
Nivel 3 – Los Korps (Armada)
Nivel 2 – Los Korps (Caballería)
Nivel 1 – Los Korps (Infatería)






Vicente Ortiz dice:
Gracias por oganizar el certamen.
Gracias por hacer que sea finalista.
Gracias por publicarlo en la web.
Gracias, gracias, gracias.
Rafa García dice:
Gracias a ti Vicente, sin vuestra participación esto no hubiera sido posible.