Messi, halcón, paloma y psicología social

26 julio, 2026 por Susana Torres Cabeza

El domingo pasado fue la final del mundial.

España jugaba contra Argentina y aunque muchos llevaban camisetas rojas, la mayoría de mis vecinos catalanes tenían el corazón dividido, porque con Argentina jugaba Messi, ese semi dios del fútbol que está en el altar de muchos seguidores del Barça.

O estaba.

Porque el domingo pasaron cosas. Entre las destacables, cabe remarcar que la competición la ganó el equipo español y que todo el barrio, la ciudad y el país se volvió loco de euforia colectiva.

Pero además de ese hecho principal, si analizamos el partido, el juego estuvo lleno de polémica. El equipo argentino no fue capaz de tirar a portería, pero además se destacó en el campo por sus patadas y jugadas sucias. En palabras de los propios seguidores, bajaron al barro, jugaron un fútbol barriobajero o chusquero, es decir jugaron al grimdark del fútbol.

 

Y Messi, semidiós en Cataluña y en el mundo entero, formó parte de ese circo y decepcionó a niños y a mayores. Hasta el punto de que muchos de sus seguidores escupieron en su nombre y renegaron de él. El héroe se volvió villano.

¿Por qué? ¿Qué pasó con el pacífico y amigable Messi? ¿Acaso fingía cuando jugaba en Barcelona? ¿Era hipócrita cuando donaba millones contra el cáncer o era embajador de UNICEF?

No, no fingía ni era hipócrita, simplemente se adapta a las expectativas.

En psicología social sabemos bien que el grupo define el comportamiento de sus miembros. Una misma persona puede cambiar de roles, volverse más violento o cooperador en función de lo que el grupo espere de él.  Es extremadamente difícil no cumplir con las expectativas grupales, por la sencilla razón de que somos animales sociales cuya máxima ambición es tener un estatus elevado dentro de nuestro propio grupo cultural.

Si los individuos dan la espalda a las normas del grupo, siempre hay repercusiones que serán más o menos duras en función del funcionamiento interno del grupo, pudiendo llegar a castigarse con la exclusión y el ostracismo. No es fácil sobrevivir solo. No es fácil desafiar al grupo. Hay que estar muy loco o tener poco que perder.

Así, cuando criticamos comportamientos sociales de otros sistemas políticos o religiosos no somos conscientes de hasta qué punto es difícil rebelarse en determinadas circunstancias. Que se lo digan a los alemanes.

Había buenas y malas personas entre los alemanes durante el nazismo, había buenas y malas personas entre los comunistas de la URSS y hay buenas y malas personas en las democracias actuales occidentales. La mayoría de las personas solo tienen la buena o mala suerte de nacer en el grupo social equivocado. Solo adaptan su estrategia de supervivencia al grupo.

Para ilustrar dicho comportamiento me gusta recurrir a la teoría sociológica de la paloma y el halcón, basada en la teoría de juegos:

En una sociedad de palomas (cooperativa y pacífica), el primero que se comporte como halcón (egoísta) triunfará y se llevará los recursos, pero a costa de que a partir de entonces la población pasará a desconfiar. A la larga, el egoísmo se contagia y la sociedad de palomas se transforma en halcones (sociedad violenta) y el halcón pierde su estatus y la red social cooperativa.

Dejemos la psicología social y el fútbol y acudamos a la literatura. Creo que hoy es adecuado hablar de dos libros, de los cuales ya he hablado en anteriores artículos, que, aunque se posicionan de forma sutil, también hacen crítica y relativizan el comportamiento de los individuos.

La ciudad y la ciudad (China Miéville, 2009)

La ciudad y la ciudad, es un thriller policial que explica la historia del inspector Tyador Borlú, un detective de la Ciudad-Estado europea de Besźel, que debe cruzar. la frontera que limita con la ciudad gemela, Ul Qoma, para investigar el asesinato de una mujer misteriosa.

Lo interesante del libro es que los habitantes de una ciudad son ciegos a los eventos de la ciudad vecina, como si no existieran. La prohibición de hablar de la ciudad vecina es tan fuerte que se niega su propia existencia.

Cualquiera que haya estado en Berlín y haya visitado lo que queda del muro de Berlín y las paradas de metro fantasma, entenderá que el parecido con el libro es evidente.

En ambas ciudades tenemos habitantes parecidos con un idioma común, pero con referencias culturales que se alejan tanto que ven al vecino como un extraño, casi como un fantasma.

Por supuesto, el miedo no es solo a la exclusión social, como puede pasar en los países democráticos, o a perder la propia vida, como aún pasa en algunos regímenes dictatoriales; el miedo a perder el favor del líder también modela mentes, como saben muy bien los gurús de sectas destructivas, y lleva a las personas a negar las evidencias, aunque ello conduzca al colapso, Chernóbil es un ejemplo terrorífico de dicha negación.

Cuando el exterior del grupo se percibe como hostil, las normas se vuelven rígidas y la crítica interior no se permite. El gobierno se adueña del relato y cualquier divergencia es vista como peligrosa. Y un asesinato se vuelve un problema lleno de secretos que pueden abrir grietas.

Es un libro muy interesante.

Metro 2033 (Dmitri Glujovski, 2005)

En el primer libro del autor ruso nos encontramos con una sociedad postapocalíptica que sobrevive escondida en el subsuelo, en concreto en el metro de Moscú, ya que el exterior se ha vuelto demasiado peligroso, tóxico y violento, para los humanos.

La novela nos narra la historia de unos personajes que viven en una de las peores estaciones, las que limitan con el exterior y que siempre está de vigilancia para defender la red de los mutantes. El conflicto surgirá cuando deban viajar a otras estaciones para conseguir ayuda y recursos.

Como la civilización ha caído, cada grupo hace lo que puede para sobrevivir. La lucha por los recursos es salvaje.

Cada estación de metro elegirá una estrategia de supervivencia. Algunas serán fascistas, cuarto Reich, otras comunistas, la línea roja, en otras reinará la anarquía y el salvajismo y en otras el poder será controlado por una organización capitalista, la Hansa, que dominará la principal arteria del metro, la línea circular.

La unión y cooperación de todos los humanos (palomas) haría mucho más fácil la vida, ya que muchas estaciones están subespecializadas en ciertos tipos de recursos y el intercambio es imprescindible, pero el egoísmo (halcón) surge entre las grietas de la civilización y el miedo.

Sin espóiler, los personajes cuyo terror inicial son los mutantes, pronto descubrirán que dan más miedo los monstruos que todos llevamos dentro.

Recomiendo su lectura a todo el mundo.

Ahora, volvamos de nuevo al campo de fútbol: Entonces, según lo anterior, ¿Messi es héroe o villano?

Pues me temo que, como siempre en la vida, la respuesta no es sencilla. Si tengo que dar mi opinión, diría que ninguna de las dos cosas. Es solo un tipo con un talento excepcional para jugar al fútbol, pero muy normal en cuanto a comportamiento. Simplemente estaba tratando de adaptarse al grupo.

En Barcelona adoptó el rol de paloma. Y en Argentina cambió su papel, allí se le exigió otro comportamiento. Lo importante era ganar a toda costa. Solo que la estrategia de halcón esta vez le salió mal y por el camino, ha perdido lo peor que se puede perder en un grupo, la reputación.

En fin, como siempre, si os ha parecido interesante el artículo, leed los libros y me dais vuestra opinión, que siempre es constructiva.

Por cierto, si me llegan a decir, hace un año, que escribiría un artículo sobre fútbol y Messi, me hubiera reído. Presión grupal, supongo.

 

 

 

 

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Susana Torres Cabeza
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