Un Universo por Descubrir

El decorador de estaciones

de Irasema Pino Ponte

La señora Ventisca sintió que sus mejillas se derretían ligeramente cuando Equisticio, más conocido como El decorador de estaciones, atravesó su puerta justo una semana antes de que comenzara el invierno. Sacó una lista de la compra y se puso a recitar: mil kilos de nieve, quinientos mil litros de lluvia, cien frascos estándar de ventisca, diez cápsulas efervescentes de maremotos, tres mariposas provoca vendavales, cien alfombras de pinos y acebo, una estrella de Oriente… la señora Ventisca fue sacando de distintos cajones lo que le pedía Equisticio, que era lo mismo de cada año, pero entonces, Equisticio pidió algo insólito: un preparado de aurora boreal. Seguir leyendo

El ciervo en Nochebuena

de Vicente Ortiz

La carretera culebreaba cada vez más angosta entre los valles y montañas que anticipaban la proximidad de las cimas. La nieve derretida se apelmazaba en las cunetas más sombrías formando peligrosas placas mezcladas con barro congelado. En noches tormentosas, la prudencia obligaba a conducir por el centro cuando el paso se estrechaba tanto que las ramas de los pinos de ambos lados no necesitaban del viento para acariciarse y formar un túnel. Seguir leyendo

El regalo más deseado

de David Periñán Yuste

Javier, se levantó temprano esa mañana de Navidad.
Iba a oscuras recorriendo el pasillo de la casa en silencio, guiándose por las luces de colores del árbol que brillaban desde el salón.
Todavía no había amanecido, por lo que esperaba coger por sorpresa a Papa Noel en plena faena dejando los regalos. Si eso pasaba, tenía un plan.
Fue recorriendo el largo corredor, cada vez más cerca de la puerta de la sala de estar. Al llegar allí, su sorpresa fue tremenda.
Efectivamente, allí estaba el hombre de rojo depositando unos paquetes envueltos en vistosos papeles de colores con sus lazos y moñas. Seguir leyendo

El concilio

de Jesús Durán y Libertad García-Villada

El viajero salió de la cápsula del tiempo, oculta en el bosque, y puso el pie en aquella tierra antigua. Revisó por enésima vez su ropaje y se dirigió hacia la población. Seguir leyendo

Tradiciones

de Yolanda Fernández Benito

Cada vez que llegaba aquella fecha se le encogía el corazón, pero estaba convencido de que si dejaba morir las tradiciones perdería parte de la poca humanidad que le quedaba. Desde que tenía uso de razón, pasase lo que pasase, en su casa el portal de Belén se colocaba el segundo fin de semana de diciembre, así que apuró el desayuno y se encaminó hacia el salón donde las figuras del Misterio llevaban esperando pacientemente todo un año. Seguir leyendo

La campanilla del ahorcado

de Antonio Fabián Benítez

—La aldea, poco a poco, vuelve a quedar desierta, gélida y muerta. Debemos irnos ya, hija mía, pues así sucede desde aquel maldito solsticio de invierno que tuvo lugar hace ahora un siglo. Cuando la campanilla colgante del árbol del ahorcado suena con el primer soplo de aire frío, los aldeanos debemos marchar hacia lugar seguro y abandonar estas tierras execrables.

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GANADOR

La campanilla del ahorcado de Antonio Fabián Benítez

¡Enhorabuena!

Aquí podéis ver el fallo completo del jurado.

Obras que han estado luchando junto al Ganador y merecen tener un reconocimiento destacado.

FINALISTAS

Tradiciones  de Yolanda Fernández Benito.

El Concilio de Jesús Duran y Libertad García-Villada

El regalo más deseado de David Periñán Yuste

Un ciervo en Nochebuena de Vicente Ortiz

El decorador de estaciones de Irasema Pino Ponte

¡Enhorabuena a todos!

Hoy os traigo este artículo donde hablaremos de la tradición de leer y contar cuentos de misterio y terror en estas fechas navideñas. Primero de todo, dar las gracias a Gemma N. Escarp por dejar que me pronuncie dentro de este género, que aunque no se trate de thriller la verdad es que sí hay un tipo de conexión muy directa entre el suspense y el terror, ya que ambos géneros se sumergen en el misterio.

Como escritor he de mencionar que mis principios fueron un largo recorrido y viaje a través del terror, y aunque a día de hoy mis lectores y lectoras puedan sentirme más identificado con el thriller y la novela negra, también es cierto que el terror siempre irá ligado a mis raíces, por ello, me ha hecho una grandísima ilusión poder escribir este artículo, y doy las gracias por ello. Seguir leyendo

Hay relatos que siempre regresan en Navidad, repitiéndose año tras año y algunos ya no vuelven solo como simples tradiciones, sino que van más allá y se incrustaron en nuestra forma de pensar, de recapitular, de sentir el mundo como una reflexión interna de nuestra propia existencia.

Nietzsche hablaba de ese fenómeno —el eterno retorno— a través de una imagen poderosa en Así habló Zaratustra: un enano, der Geist der Schwere, “el espíritu de la pesadez”, que se posaba sobre los hombros del protagonista. No era una criatura física, sino el símbolo de aquello que nos aplasta: el peso del pasado, la culpa, las ideas rígidas que nos impiden avanzar. Ese enano representaba la fuerza que susurra que todo vuelve, que nada se pierde del todo, que debemos enfrentarnos una y otra vez a lo que somos.

Algo parecido ocurre con ciertos cuentos navideños. No solo forman parte del calendario, sino que se instalan en la memoria como un aprendizaje subliminal. Aparecen cuando los cascabeles repiquetean, cuando el frío se adhiere al asfalto y al cemento de nuestras ciudades, cuando las tradiciones de siempre vuelven a colarse en nuestros hogares y a recordarnos quiénes fuimos… o quiénes podríamos ser.

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